Mayo, 2019                      

20 DE MAYO 1945: DESDE DACHAU EL PADRE KENTENICH REGRESA A SCHOENSTATT.

  

 

Para el padre Kentenich, el período de encarcelamiento en Dachau fue un tiempo agotador, pero también lo utilizó, en la medida de lo posible, para el desarrollo posterior de su fundación. Es aquí donde a pesar de todo el sufrimiento siente la necesidad de plasmar sus anhelos y su cercanía aún más estrecha con Dios Padre, y crea un pequeño y fundamental libro de oraciones llamado "Himmelwärts" (Hacia el Padre). A pesar de su edad y los problemas de salud desde su juventud, vive en el campo de concentración durante tres años hasta la primavera de 1945; donde también le toca presenciar la muerte de muchos de sus compañeros.

Lo que les digo en la oscuridad, díganlo ustedes a plena luz; lo que se les susurra al oído, proclámenlo desde las azoteas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita el Padre; y él les tiene contados a ustedes aun los cabellos de la cabeza. Así que no tengan miedo; ustedes valen más que muchos gorriones. (Mt 10,27-31)

"Rösselweg", un viaje de agradecimiento, de petición, de peregrinación, de regreso al hogar»: con estas palabras describió el Padre Kentenich el viaje de Ennabeuren a Westerheim que el 17 de mayo de 1945 realizó con un pequeño carruaje tirado por dos caballos esteparios después de ser liberado de su prisión en Dachau y de esperar cuatro semanas en Ennabeuren (por la destrucción total de los caminos y transportes públicos), donde vivió el final de la guerra. Entonces se decidió a hacer este viaje de prueba. Es decir, con esta yunta de caballos había previsto regresar a Schoenstatt.

Luego del término de la guerra el padre Kentenich es llevado en auto hasta Schoenstatt, un 20 de Mayo de 1945. En esa instancia el padre Kentenich dice:

“Lo que más quisiera sería arrodillarme en silencio ante la imagen de la Madre de Dios, entregarme enteramente a la contemplación de la Santísima Trinidad y, junto con ustedes, simplemente contemplar, amar y alabar desde ahora y por la eternidad.”